sábado, 8 de marzo de 2014

UNA LLAMA DE LUZ

Mis pasos han sonado
en la quietud de un cuarto adormecido,
dicen que estoy dormido,
pero esta muerte no es cierta,
porqué aun siento el dolor,
en mi alma recogida.

Cuanta esperanza perdida,
cuantos sueños, cuanta vida,
ruego a la muerte que venga,
a recoger este polvo,
maldito sea este barro,
con su miseria escondida.

Tanto silencio me aturde,
inmensa quietud que abruma,
la ira sube como espuma
y ahoga mis propios gritos,
¿Cuál es la sabiduría del sufrir?
¿de míseras lecciones aprendidas?

Juro con voto sagrado,
que mientras así lloraba,
vino, no sabré de dónde,
una gran llama de luz,
toco mi frente y mi pecho,
y una voz quieta me dijo:
“Hijito, otros…  sufren más,
el barro ingresa en el horno
antes de convertirse
en la más bella vasija,
y en el fuego de la tierra
en preciosos diamantes”

No necesité de más,
entendí la sabiduría,
y aunque mis ojos aún lloran
mi almita se regocija,
ahora duermo agradecido
de la pena, del dolor,
y de tanto sufrimiento.