Dios no está
dónde están los hombres.
Los pájaros lo
adoran,
los árboles se
sacuden con su presencia,
los ríos tiemblan
al verlo,
las estrellas
cierran sus ojos,
el sol se torna
niebla con su brillo,
la luna se oculta avergonzada,
los mares se
aquietan
cuando Dios se acerca.
Y fue entonces
que hice lo que
ellos:
Lo adoré con el
canto de mi alma,
sacudí mis
pensamientos,
boté los viejos y
renové mis hojas,
temblé como el
agua cristalina,
cerré mis ojos,
dejé que la luz me
tornara en niebla,
bajé mi rostro
avergonzado,
me llené de
quietud,
y entonces...
pude verlo ...
con los ojos de mi
espíritu.

