He cambiado nuestras almohadas,
las viejas las he quemado todas,
no por odio,
si por celos,
no sea que los recicladores
disfruten de tu perfume,
o lean tus sueños y los míos,
sientan fuegos y los hagan suyos.
Extraño las viejas almohadas,
se amoldaban tanto a mi cabeza,
las estrujaba,
hacía un bollo,
me soportaban.
Las nuevas las siento duras,
no saben lo que las viejas,
tienen aroma a plástico,
no guardan tus recuerdos,
no me hacen soñar.
Pero soportan bien…
… mis lágrimas.

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