Mis pasos han
sonado
en la quietud de
un cuarto adormecido,
dicen que estoy
dormido,
pero esta muerte
no es cierta,
porqué aun siento
el dolor,
en mi alma
recogida.
Cuanta esperanza
perdida,
cuantos sueños,
cuanta vida,
ruego a la muerte
que venga,
a recoger este
polvo,
maldito sea este
barro,
con su miseria
escondida.
Tanto silencio me
aturde,
inmensa quietud
que abruma,
la ira sube como
espuma
y ahoga mis
propios gritos,
¿Cuál es la
sabiduría del sufrir?
¿de míseras lecciones
aprendidas?
Juro con voto
sagrado,
que mientras así
lloraba,
vino, no sabré de
dónde,
una gran llama de
luz,
toco mi frente y
mi pecho,
y una voz quieta
me dijo:
“Hijito,
otros… sufren más,
el barro ingresa
en el horno
antes de
convertirse
en la más bella
vasija,
y en el fuego de
la tierra
en preciosos
diamantes”
No necesité de
más,
entendí la
sabiduría,
y aunque mis ojos
aún lloran
mi almita se
regocija,
ahora duermo
agradecido
de la pena, del
dolor,
y de tanto
sufrimiento.