VIDA SIN VIDA
La Vida, no vivía,
cargando un gran peso,
caminaba cansada,
con hombros dolidos,
y con sus pies callosos.
La Vida, no amaba,
su alma dolida
tan sólo odiaba,
odiaba al tiempo,
odiaba al hombre.
La Vida sin vida,
cansada y sin tiempo,
amando su odio,
llorando sus callos,
contaba ... sus pasos.
Una Mujer vino a ella,
vestida de tules,
mostrando sus huesos,
sus huesos desnudos,
su rostro sin rostro.
Indagó La Vida su nombre,
“Soy La Muerte del hombre”,
dijeron los huesos desnudos,
y caminaron juntas,
La Mujer .... y La Vida.
Miró esos ojos vacíos,
¿Qué haces?, preguntó La Vida,
“Respondo”, contestaron los Huesos,
¿Qué dices?, interrogó La Vida,
“La Verdad”, respondió La Muerte.
“Se supone que soy yo La Verdad”,
Quiso afirmar La Vida entre dientes,
El Rostro sin rostro soltó una gran risa,
como castañuelas sonaron sus muelas,
sus ojos vacíos reflejaron .... la burla.
“Si fueses Verdad reirías”,
“Si Verdad eres ¿Por qué odias?”
“¿Caminas cansada cargando tus pesos?”,
“¿Con hombros dolidos, pies callosos,
sin conocer al tiempo y sin amor en tu alma?”
“Soy yo La Verdad”, afirmaron los huesos,
“Sólo yo conozco Al Tiempo”,
“Sólo yo puedo ver tus pesares”,
“Yo soy La Verdad y La Vida”,
“Y nadie viene al Padre ... sin mí”.
“Eso lo dijo un Cristo”,
intentó reír La Vida,
mintiendo en el fondo,
porque en realidad no sabía,
si era verdad o ... mentía.
En las muelas desnudas sonaron carcajadas,
que fueron repetidas por un eco lejano,
“Fui yo, La Muerte, quien lo llevó hasta el Padre”.
Acelerando su paso La Mujer se alejó,
dejando en el aire un aroma ... siniestro.
La Vida continuó sola,
con hombros cansados,
cargando sus pesos,
contando sus pasos,
pensando .... en sus odios.
